Amor podrido




                                                                   

“Revuelo de sábanas, entremedio de un frenesí trastornado de piernas, brazos, cuellos, manos senos, caderas, labios y mil cosas más que intentamos unir entre nosotros. Un desastre en el cuarto, pero un placer más allá de las palabras que ambos sentimos.

Somos adictos al calor, al amor. Pero no al de cualquiera; solo nos sirve el que tenemos entre nosotros, porque el resto no se iguala. Lo que para otros es deporte, para nosotros es pasión. Y no cualquiera, de cualquier otra relación: nos conocemos, nos predecimos, nos entendemos y nos encantamos. 

Decir que eres lo más importante es poco, un insulto al sentido común. No me imagino sin ti, eres mi pensamiento cuando las cosas van mal, lo que evita que muchas veces cometa estupideces. 

Eres lo que ansío toda la semana, eres la mujer de mis ojos, de mi cuerpo y de mi ser. Eres lo que hace que todo sea menos duro de lo que es, eres mi compañía, la persona en quien confío.

Me encanta tu sonrisa, la forma en la que tu precioso rostro cambia de una forma maravillosa cuando hacemos el amor, la rockera, la que mejor baila de todas y que me hace sentir infinitamente afortunado, la mujer que quiero poseer solo para mí, y a la que me quiero entregar. Soy tuyo, tu eres mía, y somos felices. 

Nunca me imaginé que podría amar tanto a una mujer como lo he hecho contigo. Según lo que me has contado, quizás ahora te sonrojes. De lo contrario, sin duda te sonrojarías si te contara de las cosas que me acuerdo en medio de la rutina, las que hicimos juntos y teniendo como único testigo las cuatro paredes de nuestro cuarto del placer.

Quiero sentirte dentro mío, ese lugar tan reconfortante y que me lleva al nirvana. Sé que tu también, así que tranquila; tenemos todo el tiempo del mundo. 

No me iré a ninguna parte mientras sigamos juntos. Me quedo corto con todo lo que diga en papel, con lo que hagamos físicamente, con todo lo que conversemos. No he visto nunca antes a nadie como tu, eres absolutamente perfecta.”



Los ojos de la mujer que lo había perdido todo estaban anegados en lágrimas luego de leer la declaración del hombre que la hizo sentir plena y feliz. Él único que supo amarla fue quien escribió esto, y no había nada más doloroso que recordar lo bueno que tuvieron.

Esto era aún peor considerando no sólo el hecho de que habían estado juntos por más de un año, sino porque ella nunca quiso que las cosas hubiesen terminado de esa forma.

Pero ella había sido despreocupada, indecisa. Había llegado a pensar que podía prescindir de él. Se había enojado porque la vida de él era tan aburrida… siempre que salían juntos iban a la casa de él, y a excepción de unos pocos amigos y su familia, ella nunca había conocido mucho más de nada.

Pero ahora nada de eso importaba. Luego de que ella había terminado con él, no sin antes decirle que quería seguir teniéndolo como amigo, había gritado por días, hasta quedar afónica.

Luego de que la propuesta de ella, la mujer sin pareja pudo sentir el odio que emanaba del hombre que aún la amaba pero que ya no quería seguir haciéndolo, porque tenía el sentido común de no dejar cabos sueltos en su vida y de no entregarse a quien no lo quería.

A continuación, la mujer se iba a dar cuenta de los extraños efectos que tiene el amor en las personas.

Para sorpresa de ella, había pasado de la rabia a un cínico humor, y con una sonrisa en la cara le pregunto a ella si quería seguir teniendo sexo con él, por los viejos tiempos.

Ella negó con la cabeza con los ojos como platos, sin poder creer lo que él le había dicho. 

Ante la tácita respuesta de la mujer, el hombre se encogió de hombros y le respondió:

-Ojalá te vaya bien. No vuelvas llorando, al menos ten esa decencia.

Antes de que ella pudiese decir nada, el personaje había cogido su mochila y se fue por la puerta, dejando un vacío más grande de lo que él podía imaginar.

El día siguiente fue el peor para ella. Las ojeras de sus ojos no podían ser ocultadas, pues había dormido apenas dos horas.

Ella sintió la abstinencia amorosa, que en cierta forma era peor que la abstinencia del alcohol…  y no paraba de acordarse como él la había ayudado a superarla desde el comienzo. Se sentía como una muerta de hambre que no tiene cómo alimentarse, sentía como las piernas no la aguantaban hasta que se caía de rodillas en el patio después de girar en círculos por varios minutos, mordiendo la punta de uno de sus dedos hasta que saliese sangre en busca de que el dolor físico la distrajese del dolor de su atormentado corazón.

Lloraba desconsolada como sólo pueden llorar las que saben que nunca más encontrarán a esa persona que tanto las amó.

Pasaron dos días, y ella no pudo contactarse con él. Había apagado el celular, y por la distancia nunca pudo ir a buscarlo en persona. No tenían amigos en común, pero de cualquier forma no sabía si preguntar. Él definitivamente no quería saber de ella.

Y así siguieron los días, y el dolor permanecía aún más. Había vuelto a beber, y estuvo a punto de cortarse los antebrazos, pero en el último momento pensó en la cara que él habría puesto de haberla viso así, por lo que pudo tirar por la ventana las cuchillas a tiempo. No quería volver a ser un peligro para sí misma.

Estuvo calmada hasta que recordó que ese mismo día no le había llegado la regla. Con creciente temor, no sabía qué hacer. Su madre trabajaba dos desde la mañana hasta la noche sólo para mantenerla a ella, ni hablar de un bebé… y en su fuero interno supo que estaba embarazada.

No quería creerlo, pero tenía esa certeza. Fue al colegio, pero su mente estaba en cualquier otro lugar.

Cuando llegó a su casa, se sorprendió al encontrar una carta bajo la alfombra.

“¿Recuerdas que podía irme a Estados Unidos si quería? El vuelo, para el momento que recibas esta carta, estará como mínimo a medio camino. Me fui con toda mi familia, me cambié el número de mi celular y borré cualquier rastro de la historia que nunca tuvimos, la vida que tu terminaste. 

Te escribo por buena educación, pero si te lo estás preguntando, pensé en ti hasta encontrarme con la morena en mi cama.

El viejo idiota enamorado se despide de ti con un te amo, pero el hombre ambicioso que soy ahora te recomienda que te entretengas con otra persona. Es lo que a mí me ha servido.

Hasta nunca".


Por alguna razón, la muchacha que se sentía vacía recordó dónde estaba el cuchillo de cocina. 

Comentarios